Videojuegos, una muestra de Riqueza Cultural

 Videojuegos, una muestra de Riqueza Cultural

Videojuegos, una muestra de riqueza cultural

«No nos resulta extraño que el videojuego haya pasado a convertirse en la opción favorita de ocio para millones de personas en todo el mundo ante la actual situación de cuarentena impuesta como medida sanitaria»

¿Por qué nos gusta tanto jugar a videojuegos? Si no eres «gamer», puede que seas uno de esos padres o madres que ya se han dado cuenta de que a tus hijos les entusiasma esta actividad de ocio y hasta habrás presenciado cómo gritan de alegría y experimentan toda clase de sensaciones. La razón es sencilla, pues al igual que ocurre con una novela, con una pintura o con una película, los videojuegos nos cuentan una historia que despierta nuestras emociones. Y es que el videojuego es un producto que fomenta la creatividad, proporciona entretenimiento y diversión, contribuye al desarrollo tecnológico y supone fundamentalmente una formidable plataforma cultural. No en vano, hay quien ha denominado a los videojuegos como el «octavo arte» ya que ofrecen una experiencia similar, en efecto, a la de la literatura, el cine o el teatro, pero con el añadido de que permiten al usuario interactuar con la historia, siendo así todavía más inmersivos y convirtiéndonos en el protagonista de una experiencia enriquecedora.

El videojuego es cultura y es que hay pocos sectores donde se puede percibir de manera tan directa la creación y el talento. En este sentido, la industria tiene un potencial de empleo para profesionales de la música, del arte, de la literatura, o la arquitectura y de otros campos creativos cuya visión es fundamental a la hora de crear un juego. Los videojuegos además son innovación y un pilar del mundo digital con cada vez más impacto en otras áreas, como la salud, la educación o la empresa. En el ámbito sanitario, se utilizan, por ejemplo, en tratamientos para el Alzheimer, el cáncer, la rehabilitación de lesiones o diversos trastornos mentales, así como para potenciar capacidades como los reflejos, la memoria, la sociabilidad o la visión espacial. Por su parte, en el campo educativo, hoy en día mediante videojuegos ya es posible aprender historia, geografía, matemáticas, o desarrollar habilidades como la lógica, la estrategia y la gestión. Si esto es así, ¿por qué felicitamos a nuestros hijos por armar un puzzle o un rompecabezas, o por terminar un libro, y no cuando hacen progresos en sus videojuegos favoritos?

No nos resulta extraño, por tanto, que el videojuego haya pasado a convertirse en la opción favorita de ocio para millones de personas en todo el mundo ante la actual situación de cuarentena impuesta como medida sanitaria. Está siendo clave su componente de producto cultural y de entretenimiento que se puede practicar desde el hogar de forma segura, así como su carácter de elemento de socialización entre amigos en la distancia y de disfrute compartido en familia. En este sentido, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha instado a jugar a videojuegos para mantenernos activos durante el periodo de confinamiento. La actual coyuntura supone además una enorme oportunidad para llamar a los padres a involucrarse en el mundo de los videojuegos, para conocer mejor a sus hijos, disfrutar en compañía y acordar límites juntos sin perder de vista las medidas de responsabilidad impulsadas por la industria, aglutinadas en torno a nuestra plataforma The Good Gamer, como el uso de los sistemas de control parental de los dispositivos o el respeto a los códigos PEGI de clasificación de edades y contenidos.

Esta situación a la que nos enfrentamos ahora es, cuanto menos, atípica. Desde el punto de vista empresarial, en estas últimas semanas hemos comprobado cómo ante el estallido de la pandemia del coronavirus, el modelo de negocio de las industrias culturales se ha visto en mayor o menor medida afectado y, como es lógico, el videojuego no es una excepción. Es cierto que podemos considerarnos menos tocados directamente que otros sectores: somos nativos digitales, por lo que la descarga, el disfrute y las transacciones online no resultan extrañas a nuestros usuarios y el juego puede realizarse de forma segura desde casa. Sin embargo, esto no ha impedido que haya una serie de agentes en el seno de nuestros sector, que se han visto especialmente golpeados por la crisis: hablamos del comercio minorista y de los estudios de desarrollo locales, los grandes perjudicados.

Nuestro deber como industria pasa por velar por los intereses del tejido de más de 400 estudios de desarrollo de videojuegos de nuestro país, basado en buena medida en pymes y micropymes sin apenas músculo financiero. Muchos están en riesgo grave de desaparecer y con ello miles de puestos de trabajo. Precisamente por esto, estamos manteniendo una interlocución permanente con el Gobierno, al que hemos elevado propuestas de estímulo para apoyar a compañías y trabajadores del sector afectados en estos momentos difíciles. En esa línea, hemos solicitado extender el régimen de incentivos fiscales, de otras industrias culturales en España como el cine o las artes escénicas, a la producción de videojuegos. Esto ya ocurre en otros países punteros de nuestro entorno, como Francia o Reino Unido, y contribuiría a crear un ecosistema atractivo para la inversión nacional e internacional en el desarrollo en España, además de aportar liquidez a corto plazo a los estudios locales en un contexto muy complicado.

Queda mucho por hacer, está claro. Seguiremos trabajando codo con codo con las administraciones a la hora de defender al videojuego, un fenómeno completamente asentado en nuestra sociedad, que ya cuenta con una base superior a los 15 millones de usuarios sólo en España, que emplea a más de 9.000 profesionales y que factura cerca de 1.500 millones de euros al año, con cada vez mayor peso en la economía. Por eso, debemos valorar los videojuegos y a todos los agentes de la industria como lo que son: una muestra de riqueza cultural.

(www.abc.es)

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