¿Encontrada una Proteína Extraterrestre?

 ¿Encontrada una Proteína Extraterrestre?

¿Encontrada una proteína extraterrestre? La panspermia contraataca

El 22 de febrero puede que pase a la historia de la astrobiología. O puede que no. La razón es que un equipo de investigadores publicaron en ArXiv, un archivo en línea para las prepublicaciones de artículos científicos, que había descubierto una proteína en el interior de un meteorito. Eso quiere decir que, en caso de que fuera cierto, sería la primera vez en encontrarse una molécula de tal complejidad biológica fuera de la Tierra.

Los astrónomos están habituados a encontrar moléculas orgánicas en el espacio exterior: se ha podido comprobar la presencia de más de 70 moléculas en el medio interestelar, donde las más pesadas están compuestas por cadenas de 11 átomos. Por ejemplo, en el centro de la Galaxia existe alcohol suficiente para llenar varios trillones de botellas de whisky. Por otro lado, en los meteoritos también se han encontrado moléculas orgánicas. De hecho, el primero en el que se descubrieron aminoácidos fue en el Murchinson, que cayó en Australia en 1972. Tras minuciosos análisis los científicos encontraron 74 aminoácidos. Ocho de ellos aparecen en las proteínas de los organismos terrestres y 11 desempeñan alguna otra función en la biología de nuestro planeta, pero los 55 restantes eran inequívocamente extraterrestres. Este descubrimiento, después confirmado tras analizar otros meteoritos como el Murray, demuestran que se pueden formar aminoácidos en ambientes hostiles como el frío del espacio, y que esto ocurrió durante la infancia de nuestro Sistema Solar. Pero lo más fascinante es que en ellos también se han encontrado las bases que componen nuestro ADN.

Por eso no resulta demasiado extraño pensar que se pudiera encontrar algún día una proteína, que no es más (ni menos) que una cadena de aminoácidos grácilmente engarzados. Esto es lo que afirma haber encontrado el equipo liderado por Malcolm McGeoch de Plex Chemical Corporation (una empresa química de Massachusetts, EE UU) en el meteorito Acfer 086 que cayó en Argelia en 1990. La nueva proteína, bautizada por los investigadores como ‘hemolitina’, es una cadena de los aminoácidos glicina e hidroxiglicina que no se encuentra en nuestro planeta. Además, la proporción de deuterio que contiene (el isótopo del hidrógeno que posee un neutrón y un protón en su núcleo en lugar de solo un protón) es similar a la que se encuentra en la nube de Oort.

Sin embargo, la comunidad científica se mantiene escéptica al respecto. Hay muchas lagunas y preguntas por responder para poder afirmar sin ambages que tiene un origen extraterrestre, aunque nadie niega la posibilidad de que un día se lleguen a descubrir proteínas no-terrestres.

 

¿Es la hemolitina una proteína extraterrestre?

Lo cierto es que esta noticia ha reavivado el interés por la panspermia, la hipótesis que coloca el origen de la vida fuera de nuestro planeta. Fue enunciada por primera vez por el químico sueco Svante Arrhenius en 1903, cuando sugirió que formas microscópicas de vida, como las esporas, podían encontrarse en el espacio y de vez en cuando caer sobre un planeta, sembrándolo de vida.

¿Pudo llegar la vida del espacio exterior? Salvando la extravagante propuesta del astrofísico Fred Hoyle en la década de los 70 de que quizá algunos virus lleguen a la Tierra cabalgando a lomos de los cometas, algunos científicos defienden que quizá una cantidad importante de los ladrillos básicos de la vida llegaran a bordo de esas bolas de nieve sucia o como viajeros de rocas errantes. Entre los experimentos que apoyan esta idea están los realizados en la década de los 90 en la misión LDEF (Long Duration Exposure Facility): esporas de Bacillus subtilis se expusieron durante 6 años al espacio y más del 70% sobrevivió, lo que significa que, convenientemente protegidas -como pueden ser las capas exteriores de las rocas en las que se encuentran- la vida puede resistir en el espacio. Este resultado fue confirmado por otra serie de experimentos realizados por el equipo de Gerda Horneck, del Centro Aeroespacial Alemán, en 1994, 1997 y 1999.

En 2000 apareció en Proceedings of the National Academy of Sciences un artículo sobre unas diminutas cápsulas moleculares que encierran gases de cuando se formó el Sistema Solar. Al formarse los asteroides y cometas estas cápsulas, construidas con átomos de carbono, quedaron atrapadas en su interior y así se mantuvieron hasta que, miles de millones de años después, uno cayó sobre nuestro planeta y esparció su contenido. Milagrosamente, algunas de ellas no se rompieron. Este descubrimiento respalda la hipótesis de que los gases que componen la atmósfera de la Tierra pudieron venir del espacio durante la Era del Bombardeo, hace unos 4.000 millones de años. Entonces nuestro joven e incandescente planeta estuvo sometido a un intenso cañoneo, donde los asteroides aportaron gases y los cometas, agua -algunos piensan que el 30 % del agua que bebemos proviene de entonces-. Así que no es descabellado pensar que también pudieron aportar los compuestos orgánicos con los que se edificó la vida.

¿No resulta irónico pensar que somos extranjeros en nuestro propio planeta?

(www.muyinteresante.es)

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